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¿Cómo afecta la relación con los demás en mi relación con la comida?

Uno de los aspectos que solemos abordar en la consulta de psicología cuando tratamos casos de relación complicada con la comida (ansiedad por a comida, atracones, TCA etc.) es la relación de uno mismo con los demás. Frecuentemente en estos casos la necesidad de aprobación externa, de reconocimiento por parte de los otros y el miedo a la crítica va más allá del cuerpo y se traslada a la identidad completa, así desde este patrón resulta frecuente encontrar que no se exprese por miedo a ser juzgado o que no se encuentre la mejor forma de expresarse.

A menudo se escuchan expresiones del tipo “me he tenido que morder la lengua”, “me he tragado las palabras” o  “se ha comido sus propias palabras” etc. todas ellas hacen referencia una gestión dificultosa de la comunicación interpersonal, es decir de lo que comunica uno mismo hacia los demás. Estas situaciones suelen darse cuando se expresa algo de manera poco adecuada o cuando directamente no se expresa la propia opinión por algún motivo a pesar de que se tenga deseo o necesidad de hacerlo.

En algunas situaciones encontramos que cuando no se satisface la necesidad de expresarnos, aparecen emociones que resultan difíciles de gestionar y entonces se recurre a la comida como una vía de escape.  Así, cuando se quiere decir algo y no se dice, cuando no se sabe cómo decir que no, cuando no se han explicado las cosas como se desearía etc.: se termina “comiendo palabras” a y veces también comiendo compulsivamente o con ansiedad.

Como expresa Tania López, psicóloga que colabora en el Centro Julia Farré en la siguiente imagen publicada en redes: “donde no pongo palabras me las acabo comiendo”.

¿Cómo me relaciono con los demás?

Para observar y comprender como nos relacionamos con los demás son múltiples las variables que podríamos tener en cuenta: influencias culturales o sociales, factores biológicos o genéticos, relaciones previas en la historia personal, efecto socializante de la familia de origen, tipos de vínculos de apego primario, educación formal y no formal, etc. Pero en este artículo vamos a centrarnos en tres conocidos estilos comunicativos que hacen referencia a la forma que adquiere el acto de expresarse.  Una mejora en nuestra forma de comunicarnos en nuestras relaciones sociales, derivará en una mejora en nuestra relación con la comida.

cómo me relaciono

Estilo pasivo

Este sería el estilo “me trago las palabras” por miedo a las consecuencias, a ser juzgado, al conflicto, etc.  Es decir, dejar de lado los propios deseos, derechos, y opiniones para anteponer a los demás.

En este estilo el lenguaje no verbal que le acompaña suele ser poco contacto visual, tono de voz bajo, movimientos huidizos, voz temblorosa etc.

El mensaje que se emite es “tus necesidades son más importantes que las mías” y por lo tanto desde este estilo de comunicación resulta complicado poner en valor los propios intereses y puede conllevar entre otros sentimientos de frustración en el emisor.

Estilo agresivo

Este sería el estilo “después me tuve que comer mis propias palabras”, cuando hay un arrepentimiento en la forma de expresarse.   En este estilo si se defienden las opiniones, derechos o deseos propios pero de manera ofensiva, humillante, tratando de imponer los criterios de uno sin tener en cuenta los del otro.

El lenguaje no verbal que acompaña esta forma de comunicación puede ser elevado tono de voz, mirada agresiva, lenguaje autoritario…

El mensaje es “mis necesidades son más importantes que las tuyas”, desde esta forma se producen sentimientos en el interlocutor de humillación y rechazo y por lo tanto daña la relación.

Estilo asertivo

 Este estilo se situaría en medio de los otros dos, desde este se defienden las propias opiniones, derechos o deseos pero teniendo en cuenta los del otro. El mensaje es “las necesidades de ambos son igual de importantes, por lo tanto tenemos el mismo derecho a expresarnos”.  Este es el estilo que promueve una buena relación entre las personas.  

Conviene subrayar que la asertividad tiene que ver con la otra persona y también conmigo, es decir, igual de importante será que pueda respetar a los demás que respetarme a mí misma.

Vamos a poner un ejemplo sencillo para entender mejor estos conceptos. Imagina que has quedado con una persona para una reunión y esta se demora en acudir a la cita sin avisar. Ante esto te sientes molesta y algo enfadada con la otra persona.

Desde el estilo agresivo una repuesta podría ser “eres un impuntual, que maleducado e impresentable”, desde el estilo pasivo una respuesta podría ser “no te preocupes, no me ha importado” y desde el estilo asertivo  “ ¿Qué te ha sucedido para llegar tarde?, me he sentido incomoda con la situación pues había guardado tiempo especialmente para esta reunión”

Es importante entender que las personas no estamos encasilladas en uno de los tres tipos todo el tiempo, se trata más bien de una tendencia y en algunos momentos puede que me situé más en un estilo u otro.  

Y entonces ¿Cómo puedo trabajar en mi asertividad para mejorar la relación con la alimenación?

Para empezar a trabajar en las habilidades sociales,  es importante fijarse en que posiciones tomamos en las diferentes situaciones y que es lo que nos lleva a tomar esa posición. 

Algunas preguntas que podemos hacernos:

  • ¿En qué situaciones o con que personas siento que me resulta más difícil comunicarme de una forma asertiva?
  • ¿Qué estilo utilizo en esas situaciones (pasivo/agresivo)?
  • ¿Qué emociones me llevan a actuar de esa forma?
  • ¿Qué pensamientos o creencias  tengo asociados?

Es habitual encontrar que la emoción que aparece detrás de una comunicación poco asertiva sea el miedo. Si es así, mejorar la asertividad posiblemente va a requerir de un trabajo sobre confianza y autoestima. Así como de un trabajo en  gestión emocional.

Algunos “tips” a tener en cuenta para mejorar la asertividad:

  • Tener presentes las propias necesidades, pero sin asumir que los demás las conocen si no han sido expresadas.  
  • Aprender a escuchar: tan importante es en el acto comunicativo expresarme como escuchar y comprender lo que la otra persona expresa, solo así poder dar un feedback coherente.
  • Marcar límites de forma razonada: Tan importante es defender lo que necesito como lo que no necesito.
  • Presta atención a tu lenguaje no verbal: ¿tu postura, tu tono de voz, tus gestos… están siendo coherentes con tu discurso?
  • Enviar mensajes claros, sencillos y concisos. Evitar dar rodeos para poder expresar tus necesidades o propuestas de manera concreta y directa.
  • Hablar en primera persona: es decir expresarme desde como yo vivo la situación, mostrando el efecto que tiene la conducta de la otra persona en mí.
  • En una discusión, no perder el foco de mi objetivo, de lo contrario podría terminar discutiendo con la persona en vez de sobre el problema en cuestión.
  • Buscar el buen momento para expresar ciertos temas, teniendo en cuenta mis circunstancias y las de la otra persona.
  • Utilizar una vía de comunicación adecuada para expresarme. Por ejemplo, habrá ciertos temas importantes que será mejor no hablar por WhatsApp u otras redes sociales si no dedicarle un espació en persona.

Podemos ayudarte a mejorar tu relación con la comida y tu asertividad

Si crees que necesitas ayuda para trabajar tu asertividad a la vez que en tu conducta alimentaria desde nuestro equipo de psicólogas podemos ayudarte

Lola Inchaurranlde

Lola Inchaurranlde

Psicóloga

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