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      Vivimos en la era de la sobreinformación, donde tenemos a nuestra disposición toda clase de estímulos a través de redes sociales, Internet, medios de comunicación, etc. A menudo se comparte información de todo tipo: moda, viajes, tendencias, hogar, etc… y entre esta montaña de multiplicidad de conceptos, encontramos un extra de información sobre cómo cuidar de nuestra salud y en especial, de nuestra alimentación.

      Seguir una alimentación saludable es una garantía de prevención de múltiples enfermedades pero lo cierto es que, a pesar de estar informados de la importancia de una dieta sana, no siempre se puede, se está dispuesto, se quiere o se escoge llevarla a cabo todos los días de nuestra vida.

      ¿Te alimentas con comida real?

      Dando un paso más en el interés por basar nuestra dieta en alimentos sanos, ha surgido en los últimos años el movimiento en auge de cientos de personas por comer comida real. ¡Sí, has oído bien! real, tan real como la vida misma. El termino comida real o en inglés, conocido como real food, nace con fuerza reivindicativa ya que acuña a todo aquel alimento no procesado ni manipulado por un proceso industrial. Dicho de otro modo, comer comida real comporta que como tal tu dieta se base en un consumo mayoritario de alimentos sin procesar o muy poco procesados y libres de mal llamados “demonios” o ingredientes artificiales que tanto tú en casa como la industria puede añadir para elaborar los alimentos conocidos como ultra-procesados. Los ingredientes más comunes en este tipo de productos y que se llevan la mala fama son, por ejemplo: sal común en exceso, azúcar refinado, grasas y aceites no saludables, harinas refinadas, etc.

       En este afán de cuidar la salud siguiendo la meta de una alimentación correcta y simple, libre de comida industrializada, nacen a su vez asperezas sobre las que merece la pena reflexionar. Y es que el objetivo de este post busca profundizar en esta nueva tendencia del real food más allá de una visión nutricional. ¿Estás preparado? Veamos cuatro cuestiones:

      1. ¿Cómo vives tú el mensaje de seguir una alimentación saludable basada en real food?

      obsesión por la comida real

      Tal y como apuntábamos al inicio de este post, recibimos a diario cientos de inputs y mensajes de información sobre la importancia de una dieta sana y en el caso del movimiento real fooding, sobre la consigna de consumir alimentos reales. Pero lo cierto es que estos mismos mensajes se interiorizan de manera distinta en cada uno de nosotros: algunas personas reaccionan aumentando su atención por su dieta, otras procurarán mejorarla e incluir muchos alimentos reales. Sin embargo, habrá otras muchas que pueden interaccionar con una reacción contraria de indiferencia y desinterés. E incluso algunas otras pueden ser mucho más vulnerables y  percibir este estímulo como una amenaza a su salud si no lo cumplen al pié de la letra. Esta amenaza a su vez se puede convertir en una puerta de invitación a desarrollar sensación de miedo o estrés desmesurado, realidad que les acabará provocando un gran malestar, sobretodo emocional.

      Algunas personas pueden desarrollar un malestar emocional derivado de la consigna de consumir alimentos reales - Haz clic para twittear!    

      2. ¿Qué sientes cuando no puedes cuidar tu dieta como te gustaría?

      Del mismo modo que el mensaje de comer alimentos reales nos puede motivar para mejorar nuestra alimentación y por ende, nuestra salud; cuando no logramos este objetivo y aparecen los días en que por diversos motivos no cumplimos nuestro propósito, también se puede vivir de forma muy distinta según cada persona. Cada ser humano es un mundo y por tanto, cada uno de nosotros va a vivir una situación de manera distinta. Es por ello que conviene recapacitar sobre aquellas personas que con mayor facilidad van a padecer emociones desagradables si no logran cuidar la dieta como les gustaría. También conviene prestar atención al tipo de gestión que van a hacer de estas emociones y vivencias. Algunas personas cuentan con muchas herramientas para manejar la culpa, la vergüenza o la auto-decepción; mientras que muchas otras, pueden llegar a sentir mucho sufrimiento si no logran sus expectativas a la hora de cuidar la alimentación y/o el peso.

      3. ¿Tus elecciones alimentarias son libres y conscientes?

      alimentos reales o procesados

      Si bien vamos a guiar nuestras decisiones en base a información veraz, contrastada y de calidad, no hemos de olvidarnos que seguimos siendo dueños y responsables de nuestros actos. Poseer la información correcta para actuar a nuestro favor es un paso en firme pero no debería de privarnos de seguir teniendo la máxima libertad sobre la toma de decisiones en cuanto a nuestra salud y nuestra manera de cuidarnos. Somos libres de decidir si un día nos apetece comer un pastel con azúcar y grasas refinadas aun sabiendo que no es la elección alimentaria que más nos conviene. También somos humanos y nos equivocamos, tenemos días malos y días menos malos, algunos con más ganas de hacer las cosas bien y otros con menos energía para sentirnos satisfechos con todo lo que hacemos.

      4. ¿Es malo comer siempre sano?

      analizar real fooding

      No, lo malo es la posibilidad de que conviertas tu propósito en una obsesión por comer sano, y mucho más, que abandones algunas o muchas de tus fuentes de bienestar por mantener tu objetivo rígido e invariable, como por ejemplo, relaciones sociales, nuevas experiencias, etc. Todo en su justa medida es sinónimo de equilibrio, pero los extremos no son nunca buenos amigos. Y cuando se trata de comer sano, ni la rigidez alimentaria ni el exceso de control son buenos aliados.

      Comer siempre sano no es malo, lo malo es la posibilidad de que conviertas tu propósito en una obsesión por comer sano

      Flexibilidad y tolerancia: dos imprescindibles en tu caja de herramientas

      Por tanto, todo ello nos lleva a concluir que basar nuestra alimentación en el consumo de alimentos reales, poco procesados o nada procesados va a ser una garantía de éxito pero sin olvidar que también es importante ser tolerantes y flexibles con nosotros mismos y nuestras elecciones alimentarias. Solo así escaparemos de las trampas que la mente a veces nos pone y nos sentiremos con fuerza para decir: 

      ¡Hoy me apetece desayunar un bollo con mantequilla y aun sabiendo que no es una opción saludable, no pasa nada si a mí me hace sentir bien!

      Andrea Arroyo

      Andrea Arroyo

      Psicóloga Sanitaria

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