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      ¿Puedo ser adicto a la comida?
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      Hace unas semanas me llegó un email con el asunto: “SOY ADICTO A LA COMIDA” (así, en mayúsculas). En el email, esta persona me explicaba que había intentado numerosas terapias para perder peso, sin éxito alguno. Por ello, llegó a la conclusión de que tenía una seria adicción a la comida.

      A los pocos días recibí otro email, en el que se volvía a repetir el mismo asunto, pero esta vez en femenino y en minúsculas: “Soy adicta a la comida”. En el email me comentaba que ella no creía que fuera un problema emocional, sino que sentía que era adicta y punto.

      Esta semana, inicié un nuevo caso de obesidad en mi consulta de psicóloga en Barcelona, en el cual sus primeras palabras fueron: “estoy aquí porque tengo una adicción y en esto la nutricionista no puede ayudarme”.

      Así pues, aquí estoy, dispuesta a que reflexionemos sobre la creencia de la adicción a la comida.

      Si bien es cierto que este tema crea cierta controversia, antes de dar respuesta sobre si se puede o no ser adicto a la comida, me gustaría hacer hincapié en otros aspectos.

      En primer lugar, debemos prestar mucha atención cuando alguien nos indica que siente o cree que es adicto a la comida, pues nos está ofreciendo muchísima información sobre cómo experimenta su relación con ciertos alimentos.

      En segundo lugar, es importante que entendamos que la persona se está enfrentando a una sensación de pérdida de control real ante la comida.

      En tercer y último lugar, también es relevante que nos hagamos una idea del sufrimiento con el cual esta persona está experimentado dicha dificultad y de por qué puede creer que es adicta a la comida.

      Así pues, debemos darle la importancia que se merece a este tipo de creencias e indagar más sobre ella. Porque cierta o no, nos ofrece una puerta hacia un camino que debemos explorar y trabajar.

      Ahora, vamos a resolver la primera duda que se nos plantea:

      ¿Se puede ser adicto a la comida?

      adicciones a comer

      Semejanzas entre la ingesta compulsiva y otras adicciones:

      Antes de concluir nada, empecemos a analizar las semejanzas existentes entre la ingesta compulsiva y otras adicciones clásicas relacionas con el abuso de alcohol y drogas (La superación de los atracones de comidas, Cristopher Fairburn.)

      1. Siente el deseo o el impulso de manifestar esa conducta.
      2. Experimenta una pérdida de control sobre esta.
      3. Se obsesiona con dicha conducta.
      4. Puede usar ese comportamiento para aliviar tensiones y sentimientos negativos.
      5. Niega la severidad del problema.
      6. Intenta mantenerlo en secreto.
      7. Persiste en la conducta a pesar de sus efectos adversos.
      8. A menudo realiza intentos reiterados para abandonarla.

      Como bien podemos observar, las personas que comen de manera compulsiva, comparten muchas características con las adictas a las  drogas.

      Así pues, voy a poner un ejemplo que me encuentro a menudo en consulta, que cumple los puntos mencionados anteriores:

      Mujer de mediana edad que de repente siente el impulso de comer algo dulce (1), sin pensarlo se levanta del sofá y va hacia la cocina a buscar cierto alimento. Ella siente que no puede decidir si comer o no, simplemente lo hace (2).

      Después de comer, vuelve al sofá y sigue pensando sin parar en el resto de alimentos dulces que tiene en su despensa, piensa tanto en ello, que no puede concentrarse ni tan siquiera para ver la televisión (3). Mientras come, siente un alivio, e incluso una desconexión total del momento presente (4).

      Se vuelve a sentar en el sofá, pensando que bueno, mañana será otro día y podrá controlar dicha conducta (5), y que como no es tan importante, no necesita hablarlo con nadie, será su secreto. Además siente cierta vergüenza (6). Esta mujer cada vez coge más peso, afectándole a su salud física y emocional (siente culpa, arrepentimiento y mucho malestar), pero sigue sintiendo que no puede controlar la conducta (7).

      Es lunes y piensa, “Se acabó, hoy pediré hora con la dietista y me pondré muy en serio”, otras veces, se apunta al gimnasio, creyendo que así mantendrá a raya su compulsión por la comida (8).

      ¿Os suena? Y si no os sentís identificados, ¿entendéis por qué una persona que experimente algo parecido pueda pensar que es adicto a la comida?

      Diferencias entre la ingesta compulsiva y otras adicciones: 

      Pero y bien, ¿qué ocurre con las diferencias entre ingesta compulsiva y otras adicciones? Investigadores confluyen que existen tres grandes diferencias entre la ingesta compulsiva y el abuso de sustancias. (La superación de los atracones de comidas, Cristopher Fairburn.)

      1. La ingesta compulsiva no implica el consumo de un tipo específico de alimentos. Es decir, no existe un único alimento en sí que la persona deba consumir, como ocurre con otras drogas, por ejemplo cocaína o alcohol. Puede darse una ingesta compulsiva de pasta, verduras, frutas… (aunque los alimentos azucarados suelen ser los que más predominan)
      2. Quienes comen compulsivamente intentan evitar esta conducta, por ejemplo, con una dieta muy restrictiva. Al contario que ocurre con otras adicciones, no se intenta evitar el consumo de las sustancias, sino “cuanto más mejor”.
      3. Quienes comen compulsivamente temen realizar esa conducta. Es decir, el deseo de restringir el alimento y el temor al alimento, fomenta los atracones en quienes tienen problemas de ingesta compulsiva. Por el contrario, los adictos al alcohol o a las drogas no son vulnerables al abuso de estas sustancias como resultado de su deseo de evitarlas.

      Conclusión:

      Por lo tanto, después de reflexionar y ahondar sobre ello, NO podemos concluir que los atracones son resultado de un proceso adictivo. No obstante, las personas que comen de manera compulsiva, describen su relación con la comida con fases parecidas a las que utilizan los adictos al alcohol u otras sustancias más tóxicas.

      ¿Qué puedo hacer si creo que tengo adicción a la comida?

      obsesión por la comida

      Antes de nada, comentarte que a pesar de que los expertos solemos no utilizar demasiado el término adicción (ya que científicamente no es demasiado preciso), es importante cómo tú experimentas tu relación con la comida. Así pues, si sientes que eres adicto a la comida, esto, en sí mismo, es importante.

      Pero debo decirte que si bien es cierto que existen ciertos alimentos que nos aportan un placer mayor y sí se puede demostrar que crean dependencia, tú no eres adicto, en todo caso, los alimentos son los adictivos.

      1. Observa cómo está afectándote esa creencia

      Si piensas que eres adicto a la comida, que una vez empiezas a comer pierdes total control sobre tu conducta y que nunca podrás salir de este laberinto, lo más probable es que eso es lo que acabará sucediendo. Por ello es importante que le demos una vuelta a esta creencia limitante.

      Una creencia limitante es la manera en la que percibes una parte de tu realidad. Y bien, no se trata tanto de ver si es cierto o no, sino de entender si esa creencia te permite crecer, evolucionar o alcanzar aquellos objetivos que quieres alcanzar. Porque si no es así, es cuando hablamos de creencia limitante.

      ¿Te ayuda en algo pensar que eres adicto a la comida?

      ¿Te permite mejorar en tu proceso de recuperación pensar que eres adicto a la comida?

      Si la respuesta ha sido no, es hora de que le demos una vuelta juntos.

      2. Escribe tus creencias en relación con la comida

      Ahora te toca coger papel y boli y escribir aquellas creencias que tengas en torno a la alimentación. A continuación pongo unos ejemplos con los que me suelo encontrar en mis consultas y talleres:

      Creencia núm. 1: No tengo fuerza de voluntad, cuando empiezo a comer, no puedo parar.

      Creencia núm. 2: No puedo comer ese trozo de pastel.

      Creencia núm. 3: Soy un desgraciado, siempre tengo que estar a dieta.

      Creencia núm. 4: Nunca podré tener una relación sana con la comida.

      Creencia núm. 5: Nunca dejo de pensar en comida, estoy obsesionado.

      3. Presta atención a las generalizaciones

      Cuando una creencia empieza por nunca, todo, siempre… ¡ATENCIÓN, ATENCIÓN! (os podéis imaginar un sonido de sirena si queréis). Porque es señal de que estamos generalizando y por lo tanto, que dicha creencia no es real y además limitante, y ya sabéis como afectan las creencias limitantes.

      4. Observa aquellas creencias que empiezan por Soy

      Este tipo de creencias también son muy limitantes. Si pienso que soy un desgraciado, ¿Cómo me sentiré? ¿Fácil, no? ¡Has acertado! Como un desgraciado. Es muy distinto, pensar, por ejemplo que no estoy pasando por una buena época.

      Y ahora sí, llega el trabajo más difícil pero más esclarecedor.

      5. Transforma tus creencias limitantes

      Todos los puntos anteriores nos han ayudado a comprender de qué manera piensas y hasta qué punto tus creencias pueden o no ayudarte.

      Ahora vamos manos a la obra, así que te toca escoger una creencia limitante que hayas podido identificar.

      Responde a las siguientes preguntas:

      • ¿Es una creencia propia o la has recibido de otra persona antes? Quizá de tu madre, padre o algún familiar cercano…
      • ¿De qué te sirve esta creencia? La mayoría de creencias tienen una intención positiva, a pesar de que sea muy limitante.
      • Volvamos a leer y repasar bien esta creencia y ahora responde ¿Cómo puedo transformar esta creencia? Escribe de nuevo una creencia más adaptativa que te ayude a alcanzar tus objetivos.
      • ¿Cómo mejoraría mi vida con esta nueva creencia? Vamos a transformar las de las creencias del punto 2 nombradas anteriormente (podrían haber muchas otras opciones validas).

      Creencia núm. 1: Aunque en ocasiones sienta que me cuesta decidir cuándo parar de comer, otras muchas veces sí decido cuánta cantidad quiero comer. No creo que se trate de fuerza de voluntad, pues en otras áreas de mi vida demuestro que sí tengo.

      Creencia núm. 2: Elijo no comer ese trozo de pastel.

      Creencia núm. 3: Decido comer alimentos sanos porque de otra manera, se vería repercutida mi salud. Me siento afortunado por poder decidir sobre mi salud y poder mejorarla.

      Creencia núm. 4: Entiendo que el proceso de recuperación es un camino lento en el cual habrán “recaídas”, pero me comprometo a seguir caminando hasta alcanzar una relación sana con la comida.

      Creencia núm. 5: Aunque hoy en día la comida tenga un gran protagonismo en mi vida, muestro interés por otras muchas cosas (música, películas, deporte, familia, amigos…), a las cuales dedico gran parte de mi tiempo.

       

      • ¿Qué aspectos negativos encuentro al incorporar esta nueva creencia? Es importante valorar las posibles causas negativas y tomar consciencia de ello.
      • ¿Qué aspectos positivos encontraré al incorporar esta nueva creencia?

      REFLEXIONES

      Si eres de los que pensaba que tus problemas con la comida eran a causa de una adicción, quiero que sepas, que tenías más que motivos para creer en ello.

      No obstante, espero que comprendas que ya es hora de transformar esta creencia que para nada será una buena aliada en tu proceso de cambio.

      Si no sabes cómo, te recomiendo que pidas ayuda a un profesional especializado. En Centro de nutrición Júlia Farré, podemos ayudarte.

      Bibliografía:

      El cerebro obeso de Luis Jimenez.

      La superación de los atracones de comidas, Cristopher Fairburn

      Marta García

      Marta García

      Psicóloga y psicoterapeuta

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