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      4 consejos para salir a comer fuera y no fallar en el intento
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      Llega el calor, dejamos la chaqueta y el pañuelo en casa, pasamos de botas a chanclas y parece que todo cambia respecto a nuestros hábitos. De repente, dejamos de estar recluidos en casa y de tener nuestra agenda de eventos dentro de un cajón para no tener casi tiempo libre ¿Será cosa de la fotosíntesis? Pero de eso no es de lo que os voy a hablar, sino de qué hacer en esos momentos en los que parece que el cuidar de tu alimentación no sólo depende de ti sino de la persona/s con la que salgas a disfrutar de una comida fuera de casa.

      Lo primero decirte que sí, que la mayoría de las veces depende de ti. Tú puedes decidir que te vas a pedir para comer y tú eres quien se lleva el alimento o la bebida a la boca. Lo sé, sé que piensas que es muy fácil decirlo y que tendría que estar en vuestro lugar pero tengo que deciros una cosa: al igual que vosotros/as, mi agenda también se llena en esta época y son pocas las veces que salgo a comer con dietistas – nutricionistas. Por ello sé que si quieres cuidar tu alimentación fuera de casa, la solución no se basa en quedarse recluido en el hogar, sino en aplicar algunos consejos como los que te voy a dar hoy.

      1. El lugar 

       

      restaurante saludable

      Dónde vas a ir, en mi opinión, es muy importante pero no determinante. En realidad, la mayoría de las veces según el grupo de amigos o familiares con los que salgas sabes dónde vas a acabar comiendo o cenando. Las personas somos animales de costumbres por lo que si no es en el bar-restaurante de siempre será en uno de comida parecida al habitual. Estoy convencida de que por ello sabes que platos de la carta son los que más te convienen o te sentirás en plena confianza con el camarero para sugerir la alternativa más adecuada.

      Y si el sitio no siempre es el frecuente y hay otros que se encargan de escogerlo ¡Adelántate! Se tú quien busca un restaurante donde poder comer bien y escoger opciones sanas. Te sugiero que para ello evites ciertas franquicias con precios en la carta que hacen dudar de la calidad de las materias primas o donde las raciones sean muy grandes. No es necesario que sean restaurantes con precios por las nubes, simplemente que haya una buena relación calidad-precio y una oferta de platos saludables y variados. Para ello investiga: pregunta a tus conocidos, compañeros de trabajo, guías de restaurantes, internet, redes sociales, etc. Puedes encontrar intagramers que te sugieran opciones correctas dentro de tu ciudad.

      Se tú quien busca un restaurante donde poder comer bien y escoger opciones de menú sanas.

      ¿Qué el problema es que vas de invitado? La mayoría de las veces el anfitrión suele ser alguien de confianza por lo que podrás preguntarle el menú. Si crees que podrás comer poco de lo que habrá no te agobies, sugiérele llevar tu algún plato o dale alguna idea saludable. En éste post que hice para la noche de San Juan podrás encontrar alguna idea y en éste de mi compañera Natalia Celma sobre recetas de helados caseros saludables. No se trata de ahogarle la fiesta a nadie, como quizás pienses, sino de que haya otras opciones sanas y poco a poco entre todos cambiemos el concepto de comida social que hay ahora.

      2. Al escoger, cíñete al máximo a la idea del plato saludable

      opción de menú de dieta

      Esta idea de qué comer y en qué proporciones, que propone Harvard aquí es lo que transmitimos a nuestros pacientes desde el Centro de Nutrición Júlia Farré. Ya que creemos que es un buen método para seguir una alimentación sana que cubra nuestras necesidades. Resumiendo, la idea es comer: 50% verduras, 25% proteínas y 25% hidratos de carbono de calidad + fruta + aceite de oliva + agua. Adaptándolo de manera individual a cada paciente teniendo en cuenta patologías, vegetarianismo, embarazo, edad, actividad física, etc.

      Por lo tanto, fuera de casa no iba a ser menos. Y no, tampoco estoy desvariando al decirlo. La mayoría de las elecciones fuera de casa suelen ser primeros platos de pasta, arroces y segundos de proteína animal (carne, pescado, marisco…), por lo que los vegetales acaban siendo como mucho una simple decoración del plato. Si en cambio, te aseguras de que uno de los platos y/o la guarnición que escojas sea vegetales (ensalada, crema, gazpacho, parrilladas o verduras al horno…) el resto de los platos irán cogiendo forma. Por ejemplo, en vez de pedirte un plato principal de paella, fideuá, macarrones o similar y otro de proteína animal, cambia este último por una ensalada o crema de verduras. O incluso, comparte un plato de verduras con otra persona. Y por supuesto, ten en cuenta las guarniciones. Así seguro que, las proporciones de los platos escogidos se ajustarán mejor a la idea del plato saludable.

      Cuando comas fuera procura que los vegetales no se conviertan en una mera decoración del plato - Haz clic para twittear!    

      ¿Y cómo postre? No tienes porqué escoger el que más chocolate, virutas, galleta, etc. lleve. Tendemos a coger el postre más dulce, elaborado y calórico ya que entra en el menú o porque en casa no lo comes pero ¿realmente te apetece? Si es así y te has asegurado de escoger bien los otros platos, cómete un trozo sin convertirlo en una costumbre. Y si realmente no te apetece y te lo comerías por los motivos antes mencionados, no lo comas. Recuerda que también, aunque a veces parezca anecdótico, puedes pedir si tienen fruta fresca y no en almíbar o un yogur natural sin azúcar en su lugar.

      3. Vigila con la bebida, el carajillo y los cubatas

      alcohol y dieta

      A parte de qué platos elegir, hay que tener en cuenta que bebida escogemos para acompañarlos. Y además, ¿después viene el carajillo? ¿Vas a seguir el festejo con cubatas varios?

      El hábito por excelencia de estos eventos suele ser empezar el picoteo o la espera del resto con una caña y después durante el banquete unas copas de vino. Seguido del carajillo, gin tonic o cubata. Esto puede ser lo que  haga que todos los pasos anteriores no sirvan para nada. Es cierto que, lo primero que te viene a la cabeza es que te aportan un montón de calorías vacías (no tienen ninguna función en nuestro cuerpo), y es cierto ya que son 7 kcal por gramo de alcohol. Pero no hay que olvidar que lo más importante es la repercusión que tiene el alcohol sobre nuestra salud. Como te contamos en este artículo, algunos efectos que puede provocar el consumo prolongado de alcohol son: cáncer de esófago, hígado y mama entre otros, problemas cardiacos, pérdida de memoria e inflamación del páncreas.

      Así que aunque suene muy básico, lo mejor es acompañar las comidas con agua. El alcohol tiene el efecto de deshidratarnos por lo que empezar con alcohol hará que tu cuerpo tenga más sed de lo normal y por ello en vez de una copa te bebas cinco o más. Si realmente te apetece una copa de vino o el gin tonic, asegúrate de que has bebido agua durante la comida, estás bien hidratado y que eres consciente de la cantidad de alcohol que estás tomando.

      4. ¡Olvídate de compensar! Se consciente de tus elecciones

      compensar comidas

      ¡Que poco me gusta la palabra compensar! De ella salen conclusiones que a la práctica nos perjudican más que ayudan. Es la respuesta que esperan recibir de mí los pacientes cuando en consulta me preguntan qué hacer en caso de tener una boda, comunión, cumpleaños u otro evento. Pero no, compensar no es la solución.

      Saltarse alguna de las comidas que haces de manera rutinaria para así restar calorías a todo lo que te comerás después sólo puede llevarte a comer con hambre y ansiedad. Y eso se suele traducir en peores elecciones junto con un sentimiento después de culpa. Lo mismo opino sobre cenar o no después, si realmente no tienes hambre no cenes pero evita el no cenar porque crees que te has pasado y por ello acabas picoteando cualquier cosa o engullendo en el desayuno al día siguiente como si dentro de ti hubiera un león.

      Así que ese día sigue tu rutina habitual para que cuando vayas a la comida o la cena o cuando llegues a casa o al día siguiente no tengas la necesidad de devorar. Además, serás consciente de todo lo que comes y podrás decidir con claridad si esas croquetas o el trozo de pastel realmente te apetecen y merecen la pena o por lo contrario sólo te las comerías porque estás hambriento y deseoso.

      Y recuerda: lo más seguro es que no sea la única vez que salgas a comer fuera de casa. Probablemente se repetirá otro día del mes o incluso la misma semana. Por lo tanto, pon sentido común y aplica estos consejos para poder disfrutar de esas comidas y no dejar de escoger opciones saludables.

      Patricia Nevot

      Patricia Nevot

      Dietista - Nutricionista

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