¿Qué son los gases intestinales y por qué se producen?
Como dietista-nutricionista, una de las consultas que recibo con más frecuencia en el Centro Júlia Farré está relacionada con los gases. Y lo primero que siempre digo a mis pacientes es que producir gases es completamente normal y forma parte de una digestión saludable. El problema aparece cuando se producen en exceso o cuando no se eliminan correctamente, provocando hinchazón, dolor abdominal y malestar.
Pero para poder abordar el problema con eficacia, es fundamental entender cómo y dónde se generan.
¿De dónde procede el gas en nuestro aparato digestivo?
Según la literatura médica de referencia (Manual MSD, Mayo Clinic, NIDDK), el gas presente en el tubo digestivo proviene de tres fuentes principales:
Aire deglutido (aerofagia). Cada vez que comemos, bebemos o tragamos saliva, ingerimos pequeñas cantidades de aire. Este aire, compuesto fundamentalmente por nitrógeno y oxígeno, se acumula en el estómago. La mayor parte se elimina mediante eructos y solo una pequeña fracción avanza hacia el intestino.
Fermentación bacteriana en el colon. Esta es la fuente principal del gas intestinal. Las bacterias que forman nuestra microbiota intestinal fermentan los carbohidratos que no han sido digeridos ni absorbidos en el intestino delgado — como determinadas fibras, oligosacáridos, lactosa (en personas con intolerancia) o polialcoholes (sorbitol, manitol, xilitol). Este proceso genera hidrógeno (H₂), metano (CH₄) y dióxido de carbono (CO₂). Aproximadamente el 75 % del gas expulsado por vía rectal procede de esta fermentación bacteriana.
Difusión desde el torrente sanguíneo. Ciertos gases, sobre todo nitrógeno, pueden difundir desde la sangre hacia la luz intestinal siguiendo gradientes de presión parcial. Aunque este mecanismo aporta un volumen menor, contribuye a la composición total del gas intestinal.
Gases estomacales y gases intestinales: una distinción importante
En consulta, muchos pacientes me dicen que tienen «gases en el estómago». Sin embargo, conviene aclarar que lo que popularmente llamamos gases estomacales y los gases intestinales son fenómenos diferentes con orígenes y tratamientos distintos.
Los gases en el estómago provienen principalmente del aire que tragamos (aerofagia). Se acumulan en la parte superior del tubo digestivo y se eliminan a través de eructos. Comer deprisa, hablar mientras comemos, masticar chicle o beber bebidas carbonatadas aumenta la cantidad de aire que llega al estómago.
Los gases intestinales, en cambio, se producen sobre todo en el colon, cuando las bacterias de nuestra microbiota fermentan los carbohidratos que no han sido digeridos ni absorbidos en el intestino delgado.
| Gases estomacales | Gases intestinales | |
|---|---|---|
| Origen principal | Aire deglutido (aerofagia) | Fermentación bacteriana en el colon |
| Composición | Nitrógeno, oxígeno, CO₂ | Hidrógeno, metano, CO₂, compuestos sulfurados |
| Cómo se eliminan | Eructos | Flatulencias (vía rectal) |
| Causas habituales | Comer deprisa, hablar al comer, chicles, bebidas con gas, pajitas | Alimentos ricos en FODMAPs, legumbres, crucíferas, lácteos con lactosa, edulcorantes |
| Síntomas típicos | Eructos frecuentes, sensación de plenitud gástrica, presión en la parte alta del abdomen | Flatulencias, hinchazón, distensión abdominal, dolor tipo cólico, ruidos intestinales |
| Abordaje dietético | Comer despacio, masticar bien, evitar bebidas carbonatadas y chicles, reducir estrés | Identificar alimentos trigger, dieta baja en FODMAPs, técnicas de cocción, infusiones carminativas |
¿Qué es el meteorismo?
El meteorismo es el término clínico que se utiliza para describir la distensión abdominal causada por una acumulación excesiva de gas en el intestino o por dificultades en su tránsito. Es una de las consultas más frecuentes en gastroenterología y en nutrición clínica.
Un aspecto que considero importante trasladar a mis pacientes es que, según la evidencia disponible, muchas personas que sufren meteorismo no producen necesariamente más gas que otras. Lo que ocurre es que presentan una hipersensibilidad visceral: su intestino reacciona con dolor y malestar ante volúmenes de gas que la mayoría de personas tolerarían sin problema. Esta hipersensibilidad es especialmente frecuente en personas con síndrome del intestino irritable (SII) y se relaciona con alteraciones en el eje intestino-cerebro (Cotter TG et al. Mayo Clin Proc. 2016;91(8):1105-1113).
¿Cuántas flatulencias al día son normales?
Según el estudio de referencia de Furne y Levitt publicado en Digestive Diseases and Sciences (1996), y recogido tanto por el Manual MSD como por Mayo Clinic, expulsar gases entre 13 y 21 veces al día entra dentro de la normalidad fisiológica. El volumen total diario oscila entre 0,5 y 1,5 litros, y el intestino contiene aproximadamente 100-200 ml de gas en condiciones de ayuno.
Ni el sexo ni la edad influyen significativamente en la frecuencia de las flatulencias. Lo que sí varía es la capacidad de las bacterias del colon para producir gas a partir del material fermentable — lo que explica por qué dos personas pueden comer exactamente lo mismo y una presentar muchos más gases que la otra.
Causas del exceso de gases: ¿por qué tengo tantos gases?
El exceso de gas intestinal suele ser el resultado de la combinación de varios factores — alimentarios, conductuales y, en ocasiones, clínicos — que se solapan y se retroalimentan.
Causas alimentarias: cuando el gas empieza en el plato
La alimentación es, con diferencia, el factor que más influye en la cantidad de gas que producimos. Los principales grupos de alimentos implicados son:
Carbohidratos no digeribles y fermentables (FODMAPs). Los FODMAPs son carbohidratos de cadena corta que el intestino delgado no absorbe completamente. Al llegar al colon, las bacterias los fermentan produciendo grandes cantidades de hidrógeno, metano y CO₂. Están presentes en legumbres, ciertas verduras (cebolla, ajo, puerro, alcachofas, coles), algunas frutas (manzana, pera, mango, sandía), trigo, lácteos con lactosa, miel y edulcorantes con polialcoholes.
Si quieres conocer en detalle qué alimentos producen más gases y cuáles ayudan a reducirlos, consulta nuestro artículo específico: Alimentos que producen gases y alimentos que los eliminan
Fibra dietética en exceso o introducida bruscamente. Un aumento repentino en su consumo puede provocar un incremento temporal de los gases. La clave está en aumentar la fibra de forma gradual y acompañarla de una hidratación adecuada.
Bebidas carbonatadas y alcohol. Las bebidas con gas aportan CO₂ directamente al estómago. El alcohol puede alterar la composición de la microbiota y estimular la fermentación.
Edulcorantes artificiales (polialcoholes). El sorbitol, manitol, xilitol y eritritol, presentes en chicles sin azúcar, caramelos y productos «light», son fermentables y pueden provocar gases incluso en cantidades moderadas (Cotter TG et al., Mayo Clin Proc, 2016).
Causas conductuales: cómo comes importa tanto como qué comes
Comer deprisa y masticar poco. Es probablemente la causa más común y la más subestimada. Cuando comemos rápido, tragamos más aire y los alimentos llegan al estómago en fragmentos más grandes, dificultando la digestión.
Hablar mientras comemos, masticar chicle, beber con pajita. Todas estas actividades incrementan la ingesta de aire.
Comidas copiosas. Cuanto mayor es el volumen, mayor es el trabajo digestivo y más tiempo permanecen los residuos en el colon.
Estrés y ansiedad. El eje intestino-cerebro juega un papel muy relevante. El estrés puede alterar la motilidad intestinal, modificar la microbiota y aumentar la sensibilidad visceral.
Sedentarismo. La falta de actividad física reduce la motilidad intestinal y dificulta la eliminación del gas.
Causas médicas: cuando los gases son un síntoma
En una proporción significativa de los casos que atiendo en consulta, el exceso de gases no se explica únicamente por la dieta o los hábitos. Puede ser la manifestación de un trastorno digestivo subyacente que requiere diagnóstico médico antes de iniciar cualquier intervención nutricional. Estas son las condiciones que valoramos con mayor frecuencia, siempre en coordinación con los especialistas en aparato digestivo.
Intolerancia a la lactosa. Es una de las causas más frecuentes y, afortunadamente, de las más sencillas de identificar. Se produce por un déficit de lactasa, la enzima que digiere la lactosa (el azúcar de la leche) en el intestino delgado. Cuando la lactosa no se descompone correctamente, llega intacta al colon, donde las bacterias la fermentan produciendo grandes cantidades de hidrógeno, CO₂ y metano, además de atraer agua por efecto osmótico — lo que puede causar también diarrea y dolor abdominal.
La prevalencia varía enormemente según la etnia: afecta al 5-15 % de la población del norte de Europa, pero puede superar el 70-90 % en poblaciones asiáticas y africanas (Misselwitz et al., Gut, 2019). Un dato que siempre comento a mis pacientes es que tener malabsorción de lactosa no implica necesariamente tener que eliminar todos los lácteos. Muchas personas toleran bien el yogur (cuyas bacterias ya han predigerido parte de la lactosa durante la fermentación) y los quesos curados (que contienen cantidades mínimas de lactosa). El grado de restricción debe ajustarse al umbral de tolerancia individual, no aplicarse de forma absoluta.
Se diagnostica mediante el test de hidrógeno espirado con lactosa, una prueba no invasiva que mide el hidrógeno en el aliento tras la ingesta de una dosis estandarizada de lactosa. Si la lactosa no se absorbe en el intestino delgado, las bacterias del colon la fermentan y el hidrógeno producido se absorbe a la sangre y se exhala por los pulmones, donde puede detectarse.
Malabsorción de fructosa. La fructosa es un monosacárido presente en frutas, miel, sirope de agave y muchos alimentos procesados. Su absorción en el intestino delgado depende del transportador GLUT-5 en la membrana de los enterocitos. Cuando la capacidad de este transportador se ve superada — ya sea por una ingesta excesiva de fructosa, por una deficiencia genética del transportador o por daño en la mucosa intestinal secundario a otras patologías — la fructosa no absorbida llega al colon y fermenta generando gases, hinchazón y, con frecuencia, diarrea.
Es importante saber que la malabsorción de fructosa frecuentemente coexiste con la intolerancia al sorbitol, ya que ambos compuestos comparten parcialmente las vías de absorción. Además, como señala la investigación más reciente, la malabsorción de fructosa diagnosticada en edad adulta no siempre es una condición primaria permanente: en muchos casos es secundaria a una inflamación de la mucosa intestinal provocada por otras causas como el SIBO, y puede revertir una vez tratado el problema de base.
Se diagnostica también mediante test de hidrógeno espirado, en este caso con una carga de fructosa. En nuestra práctica clínica, solemos solicitar ambos tests (lactosa y fructosa) de forma conjunta, ya que la coexistencia de ambas intolerancias es habitual.
Sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (SIBO). El SIBO se produce cuando bacterias que normalmente residen en el colon colonizan el intestino delgado en cantidades excesivas. Estas bacterias fermentan prematuramente los alimentos — antes de que hayan sido correctamente digeridos y absorbidos — generando gases, hinchazón muy marcada (que típicamente aparece poco tiempo después de comer), dolor abdominal, y alternancia de diarrea y estreñimiento.
Lo que hace al SIBO especialmente relevante en el contexto de los gases es su capacidad para generar un círculo vicioso: el sobrecrecimiento bacteriano inflama la mucosa del intestino delgado, lo que daña los transportadores de fructosa (GLUT-5) y la enzima lactasa, provocando intolerancias alimentarias secundarias que desaparecen una vez se trata el sobrecrecimiento. Es decir, muchos pacientes que creen tener una intolerancia a la fructosa o a la lactosa en realidad tienen un SIBO como problema de fondo (Pimentel M et al., Am J Gastroenterol, 2020).
Las causas más frecuentes del SIBO incluyen la hipoclorhidria (reducción de la acidez gástrica, a veces por uso prolongado de omeprazol), alteraciones en el complejo motor migratorio (la «onda de limpieza» que barre el intestino delgado entre comidas), adherencias postquirúrgicas y enfermedades que afectan a la motilidad intestinal. Se diagnostica mediante el test de hidrógeno y metano espirado con lactulosa o glucosa, que detecta la producción de gas por las bacterias sobrecrecidas en el intestino delgado antes de que el sustrato llegue al colon.
Síndrome del intestino irritable (SII). El SII es el trastorno funcional digestivo más frecuente, afectando a aproximadamente el 10-15 % de la población según los datos epidemiológicos de la Rome Foundation. Se define por la presencia de dolor abdominal recurrente asociado a cambios en la frecuencia o la consistencia de las deposiciones, en ausencia de una causa orgánica identificable.
Como explicaba en la sección anterior, los pacientes con SII no producen necesariamente más gas que las personas sanas — pero lo perciben de forma mucho más intensa debido a la hipersensibilidad visceral, y presentan dificultades en el tránsito del gas a lo largo del intestino. Los estudios de Serra, Azpiroz y Malagelada (Gut, 2001) demostraron que con la misma cantidad de gas infundido, el 90 % de los pacientes con SII desarrollaban síntomas frente a solo un 20 % de los controles sanos.
El SII se diagnostica mediante los criterios Roma IV (dolor abdominal recurrente al menos 1 día por semana en los últimos 3 meses, asociado a la defecación o a cambios en frecuencia/consistencia de las deposiciones) tras haber excluido otras causas orgánicas. La guía del ACG (Lacy et al., Am J Gastroenterol, 2021) recomienda un enfoque diagnóstico positivo basado en los criterios Roma y analíticas básicas, evitando la cascada de pruebas innecesarias.
Desde el punto de vista nutricional, el SII es una de las indicaciones mejor respaldadas para la dieta baja en FODMAPs, siempre bajo supervisión profesional.
Enfermedad celíaca. Es una enfermedad autoinmune en la que el gluten (proteína presente en el trigo, la cebada y el centeno) provoca una reacción inmunitaria que daña las vellosidades del intestino delgado, comprometiendo la absorción de nutrientes. Los gases, la hinchazón, la diarrea y el dolor abdominal son síntomas digestivos habituales, pero la enfermedad celíaca puede manifestarse también con síntomas extradigestivos como anemia ferropénica, fatiga crónica, osteoporosis, dermatitis herpetiforme o problemas de fertilidad — lo que en ocasiones retrasa el diagnóstico.
Se estima que la enfermedad celíaca afecta al 1 % de la población europea, pero una proporción significativa permanece sin diagnosticar (Catassi et al., Lancet, 2022). Se diagnostica mediante serología específica (anticuerpos anti-transglutaminasa tisular IgA) confirmada con biopsia duodenal que demuestre la atrofia de las vellosidades. Es fundamental no retirar el gluten de la dieta antes de realizar las pruebas diagnósticas, ya que esto puede dar resultados falsos negativos.
Disbiosis intestinal. El término disbiosis se refiere a un desequilibrio en la composición o la función de la microbiota intestinal. No es una enfermedad en sí misma, sino un estado que puede ser consecuencia de múltiples factores: tratamientos con antibióticos (que eliminan bacterias beneficiosas junto con las patógenas), estrés crónico, una dieta pobre en fibra y diversidad vegetal, infecciones gastrointestinales previas, o el consumo habitual de determinados fármacos.
La disbiosis puede manifestarse con gases excesivos, hinchazón, cambios en el hábito intestinal y malestar digestivo general. En la práctica, suele coexistir con otras de las condiciones mencionadas — especialmente con el SIBO y el SII — y su abordaje se centra en restaurar la diversidad y el equilibrio de la microbiota mediante cambios alimentarios (aumento progresivo de fibra y alimentos vegetales variados), probióticos específicos cuando están indicados, y la corrección de los factores que la han provocado.
Otras causas menos frecuentes. Existen otras condiciones que pueden cursar con exceso de gases y que un especialista en aparato digestivo debe valorar en función del cuadro clínico de cada paciente:
La insuficiencia pancreática exocrina (el páncreas no produce suficientes enzimas digestivas, lo que provoca maldigestión y fermentación excesiva), la gastroparesia (retraso del vaciamiento gástrico, frecuente en personas con diabetes), la enfermedad inflamatoria intestinal (enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa), la infección por Helicobacter pylori (que puede alterar la acidez gástrica y favorecer eructos y distensión), y los efectos secundarios de determinados medicamentos — entre los que destacan los antibióticos (por su impacto directo en la microbiota), la metformina (tratamiento de la diabetes tipo 2), los inhibidores de la bomba de protones como el omeprazol (que al reducir la acidez gástrica pueden facilitar el sobrecrecimiento bacteriano), los laxantes y los suplementos de hierro.
Si sospechas que un medicamento podría estar contribuyendo a tu problema de gases, consúltalo siempre con tu médico — nunca modifiques ni suspendas un tratamiento por iniciativa propia.
| Gases estomacales | Gases intestinales | |
|---|---|---|
| Origen principal | Aire deglutido (aerofagia) | Fermentación bacteriana en el colon |
| Composición | Nitrógeno, oxígeno, CO₂ | Hidrógeno, metano, CO₂, compuestos sulfurados |
| Cómo se eliminan | Eructos | Flatulencias (vía rectal) |
| Causas habituales | Comer deprisa, hablar al comer, chicles, bebidas con gas, pajitas | Alimentos ricos en FODMAPs, legumbres, crucíferas, lácteos con lactosa, edulcorantes |
| Síntomas típicos | Eructos frecuentes, sensación de plenitud gástrica, presión en la parte alta del abdomen | Flatulencias, hinchazón, distensión abdominal, dolor tipo cólico, ruidos intestinales |
| Abordaje dietético | Comer despacio, masticar bien, evitar bebidas carbonatadas y chicles, reducir estrés | Identificar alimentos trigger, dieta baja en FODMAPs, técnicas de cocción, infusiones carminativas |
Por qué el diagnóstico siempre va antes que la dieta
Quiero cerrar esta sección con un mensaje que considero fundamental y que repito constantemente en consulta: antes de eliminar alimentos de tu dieta, busca un diagnóstico. Es uno de los errores más frecuentes que veo: personas que llevan meses o años con restricciones alimentarias autoimpuestas — sin gluten, sin lácteos, sin legumbres, sin FODMAPs — sin haber realizado nunca las pruebas diagnósticas que podrían identificar la causa real de sus síntomas.
Esto tiene dos consecuencias negativas. Primera, las restricciones sin diagnóstico pueden comprometer tu estado nutricional de forma innecesaria. Segunda, si retiras el gluten antes de hacer la serología celíaca, o si modificas tu dieta antes del test de hidrógeno espirado, los resultados de las pruebas pueden salir alterados y dificultar un diagnóstico correcto.
El protocolo que seguimos en el Centro Júlia Farré es siempre el mismo: primero la valoración clínica y nutricional, después las pruebas diagnósticas pertinentes en coordinación con el equipo médico (test de aliento, serología, analíticas), y solo entonces — con un diagnóstico claro — diseñamos la intervención nutricional personalizada. Es el enfoque que da mejores resultados a medio y largo plazo.
Antes de eliminar grupos de alimentos por cuenta propia, recomiendo siempre realizar las pruebas diagnósticas pertinentes para poder diseñar una intervención nutricional específica.
¿Llevas tiempo con gases y no encuentras la solución?
Si has probado a cambiar tu alimentación por cuenta propia y los gases siguen ahí, es posible que haya una causa de fondo que necesita un abordaje específico — una intolerancia, un SIBO o un trastorno funcional que solo puede identificarse con las pruebas adecuadas.
En el Centro Júlia Farré trabajamos cada día con pacientes en tu misma situación. Nuestro protocolo incluye valoración nutricional completa, coordinación con el equipo médico para solicitar las pruebas diagnósticas pertinentes (test de aliento, serologías, analíticas) y diseño de un plan alimentario personalizado basado en los resultados. No eliminamos alimentos a ciegas — primero diagnosticamos, después tratamos.
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Síntomas asociados a los gases: cuándo son normales y cuándo preocuparse
Dolor abdominal por gases: dónde duele y por qué
El dolor causado por gases suele describirse como punzante o con sensación de «nudo». Tiene carácter cólico y cambia de localización:
- Lado izquierdo (flexura esplénica): dolor que puede irradiar al pecho, simulando dolor cardíaco. Es la causa más frecuente de confusión con problemas cardíacos.
- Lado derecho (flexura hepática): puede simular cólico biliar o apendicitis.
- Bajo vientre: gas en colon sigmoide y recto. Sensación de presión y pinchazos.
- Espalda y tórax (dolor referido): por convergencia viscero-somática en la médula espinal.
Ante cualquier dolor torácico agudo o persistente, siempre se debe descartar primero una causa cardíaca.
Hinchazón y distensión abdominal: no son exactamente lo mismo
La hinchazón es la sensación subjetiva de presión abdominal. La distensión es el incremento objetivo y medible del perímetro. Según el estudio global de la Rome Foundation (Ballou et al., Gastroenterology, 2023), el 17,7 % de la población experimenta hinchazón semanal, con prevalencia el doble en mujeres.
Aproximadamente la mitad de las personas con hinchazón no presentan más gas del habitual. La investigación del grupo de Azpiroz y Serra (Hospital Vall d’Hebron) ha demostrado que en muchos casos se produce un reflejo viscero-somático que provoca relajación de la musculatura abdominal y protrusión sin exceso real de gas.
La hipersensibilidad visceral: por qué algunas personas sufren más
Los estudios de Serra, Azpiroz y Malagelada (Gut, 2001) demostraron que el 90 % de los pacientes con SII desarrollaron retención de gas y dolor con la misma infusión de gas que solo afectó al 20 % de los controles sanos. El estudio multicéntrico de Simrén et al. (Gut, 2018) confirmó que esta asociación es independiente de la ansiedad y la depresión.
Si sientes mucho dolor por gases pero las pruebas diagnósticas son normales, no es que «te lo inventes» — existe un mecanismo fisiológico real que amplifica la señal de dolor.
Señales de alarma: cuándo consultar al médico
Los gases como síntoma aislado tienen un valor predictivo inferior al 2 % para cáncer colorrectal (Holtedahl et al., BMC Primary Care, 2021). Sin embargo, consulta con tu médico si se acompañan de:
- Pérdida de peso no intencionada
- Sangre en las heces
- Anemia o déficit de hierro
- Cambios persistentes del hábito intestinal (>2 semanas)
- Dolor que despierta por la noche
- Fiebre asociada
- Inicio de síntomas nuevos después de los 50 años
- Antecedentes familiares de cáncer colorrectal o EII
¿Cómo cocinar para reducir los gases?
Legumbres: el remojo y la cocción lo cambian todo
Las legumbres contienen galactooligosacáridos que el ser humano no digiere. Pero con la preparación adecuada, se reduce significativamente su impacto:
- Remojo mínimo de 12 h (ideal 24 h), cambiando el agua 2-3 veces
- Descartar el agua de remojo y enjuagar bien
- Cocer en agua limpia con comino, laurel y/o un trozo de alga kombu
- Cocinar hasta que estén completamente blandas (nunca al dente)
- Triturar o pasar por pasapurés para cremas y hummus (más digestivo)
- Empezar con raciones pequeñas (2-3 cucharadas) e ir aumentando
Estudio de referencia: Vidal-Valverde et al. (J Sci Food Agric, 1993) demostró que el remojo de 12 h reduce rafinosa y estaquiosa entre un 20-40 %.
Verduras: técnicas que reducen gases
- Cocción al vapor o hervido frente a crudo: ablanda la fibra y facilita la digestión.
- Evitar sobrecocción con grasa: los fritos ralentizan el vaciamiento gástrico.
- Retirar pieles y semillas: concentran fibra insoluble fermentable.
- Cocción larga para crucíferas: degrada parcialmente la rafinosa.
Pasta, cereales y frutas
- Pasta bien cocida (no al dente): reduce el almidón resistente.
- Pan de masa madre: la fermentación láctica predigiere los fructanos del trigo.
- Arroz bien cocido: el cereal mejor tolerado (Levitt et al., Gastroenterology, 1987).
- Fruta pelada y al horno en fases agudas. Mejor entre comidas que como postre.
Preguntas frecuentes
¿El exceso de gases puede ser señal de cáncer?
Los gases como síntoma aislado tienen un valor predictivo muy bajo para cáncer. Según Holtedahl et al. (BMC Primary Care, 2021), la distensión abdominal aislada presenta un VPP inferior al 2 % para cáncer colorrectal. Sin embargo, los gases combinados con señales de alarma (pérdida de peso, sangre en heces, anemia, cambios persistentes del hábito intestinal) sí deben motivar consulta médica. En mujeres, la distensión abdominal persistente de nueva aparición debe valorarse para descartar cáncer de ovario. El cribado de cáncer colorrectal está recomendado a partir de los 45 años (ACG, 2021).
¿El estrés puede producir gases?
Sí. El eje intestino-cerebro conecta el sistema nervioso central con el intestino de forma bidireccional. El estrés activa el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, lo que puede alterar la motilidad intestinal, modificar la microbiota y amplificar la sensibilidad visceral. Los estudios del grupo de Azpiroz y Serra demostraron que los pacientes con SII retienen más gas y sienten más dolor con la misma cantidad de gas que los controles sanos. La gestión del estrés es un pilar fundamental del tratamiento de los gases crónicos.
¿Los gases son normales durante el embarazo?
Sí, es muy frecuente. Los niveles elevados de progesterona relajan la musculatura del tubo digestivo, enlenteciendo el tránsito y favoreciendo la fermentación. A medida que avanza la gestación, el útero comprime los órganos abdominales. Las recomendaciones generales son comer despacio, raciones moderadas, verduras cocidas e infusiones suaves de manzanilla, aunque infusiones como hinojo o anís deben consultarse con el ginecólogo.
¿Cuándo debería acudir a un dietista-nutricionista por los gases?
Busca ayuda profesional cuando los gases interfieren con tu calidad de vida de forma regular, cuando llevas más de 2-3 semanas con cambios alimentarios sin mejoría, cuando has eliminado grupos de alimentos por cuenta propia sin resultados, o cuando los gases se acompañan de otros síntomas digestivos que podrían indicar una intolerancia, un SIBO o un trastorno funcional. En el Centro Júlia Farré trabajamos estos casos con un enfoque personalizado.
Bibliografía
- Furne JK, Levitt MD. Factors influencing frequency of flatus emission by healthy subjects. Dig Dis Sci. 1996;41(8):1631-1635.
- Cotter TG, Gurney M, Loftus CG. Gas and bloating—controlling emissions. Mayo Clin Proc. 2016;91(8):1105-1113.
- Serra J, Azpiroz F, Malagelada JR. Impaired transit and tolerance of intestinal gas in IBS. Gut. 2001;49(1):14-19.
- Simrén M, et al. Visceral hypersensitivity is associated with GI symptom severity. Gut. 2018;67(2):255-262.
- Ballou S, et al. Prevalence and associated factors of bloating. Gastroenterology. 2023;165(5):1217-1227.
- Holtedahl K, et al. Symptoms and signs of colorectal cancer. BMC Primary Care. 2021.
- Moshiree B, Drossman D, Shaukat A. AGA Clinical Practice Update on belching, bloating, and distention. Gastroenterology. 2023;165(3):791-800.
- Vidal-Valverde C, et al. Effect of processing on soluble carbohydrate content of lentils. J Food Prot. 1993;56(8):691-693.
- Levitt MD, et al. H₂ excretion after ingestion of complex carbohydrates. Gastroenterology. 1987;92(2):383-389.
- MSD Manual Professional Edition. Gas-related symptoms. 2025.
- NIDDK. Symptoms & causes of gas in the digestive tract. NIH, 2025.
- Mayo Clinic. Gas and gas pains. 2025.
- Johns Hopkins Medicine. Gas in the digestive tract.
- Shaukat A, et al. ACG Clinical Guidelines: Colorectal Cancer Screening 2021. Am J Gastroenterol. 2021;116(3):458-479.





